AGUSTÍN Y LOS PICORES DE MICAELA.-

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AGUSTÍN Y LOS PICORES DE MICAELA.-

Notapor jeronimo » 04 May 2019, 21:00

¿Qué habrá sido de Agustín y Micaela?. Abandonó él la Agrupación?. Hace tanto tiempo ya...

Saludos.

Se lo habían pasado de vicio aquella noche, ella y su marido. Aunque su marido cómo se puso...de cubatas. La verdad para una vez que salían a cenar tampoco le podía cortar al hombre. O sea que llegó...ligeramente cocidito. Pero a gusto. Ya en el ascensor...se puso tontín. Su marido y el amigo íntimo de su marido. Estos maridos, es lo que tienen. Y la verdad fuera de intimidad de la casa, parecía que apetecía más, o sea, como más morbillo. Qué manos, qué virguería de manos tenía su Agustín. Ummm, de qué manera la empujó contra la puerta del ascensor en el sexto piso. Ahí empezó todo. En algún sitio debía de comenzar ¿ no ?.

Y justito ahí, en el sexto, empezó a notar la hinchazón en el contacto. Hinchazón del uno y picor propio. Todo junto lo notó nada más que la rozó. Y bien rozada con aquel poderío. Desde luego que la noche prometía. Desde luego que no iba a defraudar. A la entrada a casa, notó sus manos bajar por la espalda y colocarse en la parte de atrás. O sea, la trasera. Y como la gustaba a ella eso y lo bueno, es que él lo sabía. Empezaba la marcha y empezaba a ponerse. Púsose...digamos que a 80. Tampoco había que pasarse, que con esto de los puntos del carné.... Faltaba poco para llegar a 100, así que Agustín se lo tenía que currar. Tampoco se lo iba a dar todo hecho. Estos hombres...El picor continuaba, desde luego que sí, desde el sexto. Qué sensación oye. Entre placentera y desagradable. Tuvo que ponerle freno, no fuese que la multaran. Aunque como su marido estaba en la Agrupación...siempre algo podría hacer. Y desde luego que lo iba a hacer. Se lo iba a hacer...seguro que la multaba y la metía un puro. Que jodío el Agus.

Primero debía desembarazarse del picor, ya veríamos más tarde como iba lo de la hinchazón del Agustín. Le comentó que se diera una ducha, solo, y que la esperara en la cama. Y así lo hizo. Mientras ella se iba a encargar del picor. Comenzó por echarse tras el lóbulo de las orejas un par de gotitas del perfume de colonia que él mismo la había regalado. Ciertamente que iba in crescendo el picor y tenía que evitar que fuese a más. Ummm que gustito la iba recorriendo por todo el cuerpo con el solo hecho de pensar que llegaría al final, pero tampoco sabía cuanto la iba a costar llegar. Pondría manos a la obra inmediatamente mientras Agustín se duchaba.

Cogido el pañuelo de seda que utilizaba en tales casos, nunca le había fallado y se sentó en una silla de la cocina. Se desabrochó la bata y a la vista quedaron los muslos, bien torneados y bronceados por el sol. Deslizó suavemente la mano derecha camino de la entrepierna donde estaba el picor. Con el dedo medio comenzó a masajearse. Aquello empezaba a ponerse rojo y ello a ella la encantó.

.- Cariño que ya estoy en la cama ¿ tienes para mucho ? ya sabes que mañana tengo refuerzo de 10 a 13.
.- Tranquilo Agustín que ahora voy.

Continuó masajeandose. Sabía que en el masaje estaba el meollo de la cuestión. El rojo pasó a ser rojo carmín por momentos y más tarde se le puso como los cangrejos. Qué gustito sintió, aunque a la vez un ligero dolor. Muy ligero, eso sí. Desde luego que el pañuelo estaba haciendo su labor. Buena labor si señora. Abrió todavía más las piernas. Le estaba costando pero insistiendo sabía que llegaría el gustillo y el picor desaparecería. Volvió a pasarse de nuevo la seda por el lugar del picor. De arriba abajo y de izquierda a derecha. Ummmm qué rico...

.- Micaela, que es pa hoy coño.
.- Que sí, que sí, que ahora voy, dame unos segundos.

Verdaderamente la estaba costando. Tendría que seguir frotándose haber si de esa manera...la estaba dificultando el llegar, así que decidió poner otra silla frente a sí y allí apoyó los pies. El "picor" quedaba más a la vista y las manos podían hacer mejor su labor, igual que en varias ocasiones había hecho.

Aquello comenzó a crecer más y más y cada vez era más satisfactorio hacerlo. Del color rojo cangrejo iba pasando al rojo megane cuatro puertas. El que no tiene portón.

Empezaba a estar caliente y el rojo aumentaba. Decidió quitarse la braga para poder maniobrar mejor. Tiró del elástico y bajando las piernas al suelo deslizó la prenda interior hasta llegar a lanzarla con el pié derecho. Qué casualidad, quedó encima del microondas. Menos mal que estaba sola. Volvió a colocar los pies sobre la silla. Ahora si que lo veía bien y lo mejor, lo podía tocar sin estorbos. To pa ella. Rojo megane a rojo tomate. Maduro, claro. Se pasó muy despacio la lengua por los labios. Con lujuria, qué coño. Una vez es una vez.
La excitación subió por momentos. De momento, levantó una nalga y se apoyó sobre la otra. Lo expelió, finamente, eso sí. Qué a gusto se quedó. El pulpo a la gallega, es lo que tiene. Al momento, se levantó a abrir la ventana de la cocina. El pulpo...

Ahí lo tenía bajo sí, en todo su esplendor, en todo su auge. Rojo bermellón. Comenzaba a marearse debido a que la sangre se había acumulado toda allí y la mirada fija en ello, aparte de los sudores que la estaban entrando. Siguió con el masajeo pero esta vez lo comenzó lentamente, como al principio. Sabía por otras experiencias que ese era el camino. Volvió a explorarse de nuevo los labios con la lengua. Ummmmm qué gustito. Elevó las caderas y las volvió a bajar. Repitió la operación cuatro veces y aquello parecía que empezaba a tener vida. Ya no pudo identificar el rojo. Quizá colorado, se preguntó. A tope de color vamos. El dedo, no paraba. Pero visto lo visto, iba a necesitar de las dos manos. Se ayudó con el dedo de la mano izquierda. Sintió más placer todavía.

Uy uy uy que llega. Uy uy uy que llega. Justo antes encogió la pierna izquierda lo necesario para dar cabida a los dos dedos con más amplitud. Y por fín, lo consiguió. Por fín, llegó lo que tanto anhelaba. Toda una proeza. Y no necesitó ayuda de nadie esta vez. Lo tenía tan a guevo que pudo acabar ella solita. Estiró ambas piernas y la silla donde las tenía apoyadas cayó al suelo dando un porrazo. El placer que sintió, indescriptible. Aunque la vecina de abajo, con lo cotorra que es...

Descansó unos dos minutos sin dejar de recordar lo feliz que había sido al final. Cogió una toallita húmeda y restregó los aledaños de la zona afectada. Por fín había podido reventar el cabrón del grano que tanto la molestaba en la parte interna del muslo. El izquierdo, que ella no era de derechas. Primero acabó con el grano, ahora le tocaba el turno al Agustín. Antes colocó sobre el mismo un poquito de Betadine, por la asepsia y la pus más que nada. El betadine para el grano, no para Agustín.

.- Prepárate Agustín que voy.

Agus estaba esperándola muy a gusto. Vaya, què decepción. Ahora que empezaba ella a ponerse cachondilla, el Agus dormido como un angelito y roncando como un cerdo. Los cubatas, es lo que tienen. Y ella, se enfrió.

.- Qué turnos más raros de trabajo tiene mi Agustín.

Sí señora.

Y usted que lo diga.
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